Seguramente no soy la primera que escribe sobre esta situación, pero estamos tan inmersas en las redes sociales que creo que nunca está de más un post al respecto. Desde hace casi cinco meses salgo con un chico y a pesar de algunos problemas y malentendidos, nos la pasamos muy bien y seguimos “luchando” por compartir buenos momentos juntos. Ninguna relación es perfecta y el reto de todas es justo como aquella analogía del barco en altamar: mantenerse a flote a pesar de todas las adversidades que se presenten (mientras dure el viaje). Para ello se necesitan tres principios “de navegación” básicos: respeto, confianza y tolerancia. Me enfocaré solo en este último. En corto: hay cosas que siempre nos molestarán y que podemos lidiar con ellas, pero habrá otras que de plano no aceptemos. Pero también existen aquellas que poco a poco se van convirtiendo en una gran bola de nieve. Pff! En mi caso, el que no estemos conectados en Facebook, Foursquare o Twitter me cala. Al principio me valía, pero cuando me di cuenta de lo importante que es para él su mundo online, me enc*broné. Llegué a pensar que era una tontería que me pusiera así… ¡Por favor! O sea, lo que vale es la interacción del día a día, en carne y hueso, ¿no? ¡La realidad, pues!

Pero la realidad es otra. Me pesa no formar parte de ese círculo. Obvio ya lo hemos discutido; “para qué complicarnos, enojarnos, alucinar e intensear con lo que leamos o veamos”. ¡ZAZ! O sea, sí (y no. En breve pasamos al no). Como bien dijo una amiga: “Facebook me destruye” o “Facebook es el diablo”. Ya sabemos que esta red lleva un rato como manzana de la discordia entre las parejas pero sobre todo, como agente principal de break-ups. “Ojos que no ven, corazón que no siente”, ¿verdad? Y todo mundo feliz. ¿Por qué lo que discutimos no me convence? ¡Porque no habría una razón válida para no estar en su lista de amigos! ¿Qué tiene que ocultar? ¿Esas amiguitas (z*rras) que insisten en escribirle y que él no es capaz de ponerles un alto? ¿La ex que no ha desaparecido por completo del mapa? Bueno, ¡ya ni hablamos del cambio de estado porque nuestra relación “es complicada”! A lo anterior le sumaré la causa principal de mi fastidio, el que en esa esfera yo no exista y que por lo tanto sus contactos NO sepan que entre los dos hay algo.

Conclusión: Necesito que me den mi lugar, en este mundo y en los demás. Y no, no hace falta un título. Así de sencillito.

 

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