Si te lo piden… ¡No es juego de niños!

A ver, chicas que nacieron entre 1980 y 1985, les voy a hacer una pregunta. Facilita, pero OBVIO no van a poder darme la respuesta. Tal vez unas cuantas sí (pero muy pocas, y hasta puedo considerarlas afortunadas); la mayoría va a tener que preguntarle a sus papás o sencillamente aceptar que no sabe. Ahí les va: ¿Cuáles son los nombres de sus padrinos? Sí, sus padrinos. Esas dos personas en las que confiaron sus papás para que las apapacharan, guiaran y vieran por ustedes en caso de que ellos faltaran. Yo ni siquiera recuerdo a los de bautizo (y creo que ellos tampoco se acuerdan de mí), y los de Primera Comunión prefiero olvidarlos. Todos ausentes, de una u otra manera. Hace poco estuve platicando con una de mis mejores amigas sobre este tema y pudimos llegar a una conclusión: No supimos en qué estaban pensando nuestros papás cuando tomaron la decisión de escoger padrinos. ¿De verdad se trataba de sus mejores e incondicionales amigos del alma? ¿O mas bien de los más “pudientes” en esa época? Porque hay que ser realistas; el criterio de selección -incluso hasta en nuestros días- puede basarse en el poder, estatus o nivel económico, lo cual no está para nada mal, pero tampoco debería ser el más importante. Yo preferiría dejar a mis hijos con dos personas responsables y con una sólida calidad humana. Porque la lana no siempre viene acompañada de educación, principios y valores, ¡mucho menos de humildad! También me sentiría más tranquila si son inteligentes y súper trabajadoras, aunque no vivan con lujos ni mil comodidades. Creo que al final, lo que más se valora en una relación siempre son los beneficios intangibles que recibes y puedes dar. ¡Contar con el apoyo y tiempo de alguien no se compara con los regalitos o bienes materiales! Ok, si te obsequian un coche claro que es un gran paro (¡se vale, padrinos!).

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Gracias a Dios, me parece que las generaciones se han vuelto más concientes y más sensibles a un tema que podría ser irrelevante para muchos. O sea, con o sin padrinos, la gente ha salido adelante y ha podido hacer su vida, ¿no? No es una cuestión de vida o muerte, pero la tradición no se pierde todavía. Recuerdo en un capítulo de Sex & The City en el que Miranda le pide a Carrie que sea la madrina de Brady. ¡La fashionista se siente halagada pero aterrada al mismo tiempo! Su ajetreada e inestable vida la hace creer que Charlotte podría ser una mejor opción. Pienso que, cuando llegue el momento, esa amiga nos señalará y podrá darnos una razón válida o un argumento convincente del por qué nos ha elegido. Si mi hermana o alguna de mis BFFs me lo pidiera, aceptaría con muchísimo gusto. No me atrevo a hablar por todo mundo, pero en mi caso no tomaría esa petición o misión a la ligera, representaría un compromiso para mí y no estaría padre fallarles. Para mis ahijados quiero ser un refugio al que puedan recurrir cuando sientan que el mundo se les cae encima, ser ese apoyo y consuelo, y la que con base en su experiencia y sin juzgarlos, pueda orientarlos o darles un buen consejo. Se trata justo de formar y de ESTAR ahí, ¿de acuerdo? Por supuesto también quiero ser una ‘tía’ consentidora sobresaliente. Ah sí, cuando desempeño un papel me entrego totalmente para ganarme un Oscar. 😉

Y tú, ¿ya estás lista para pasar de dama a madrina? Como el slogan de Fundación Televisa, “¿tienes el valor o te vale?”

Unicef

 

 

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Dafne Ruiz

Editora

Creadora de Must Wanted. Escritora, blogger y periodista. Colabora en Vanity Fair México.

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