She’s a tease… ¿Seguro?

Desafortunadamente, los convencionalismos, estereotipos y prejuicios persisten -con fuerza- en nuestra sociedad. ¿Su impacto o consecuencias? No dejarnos vivir lo más pleno posible. Algo que me he aplaudido en los últimos años (gracias, madurez) es justo no reprimirme. Digo lo que pienso, sin censura, pero siempre con un argumento, porque no soy de las que critica sin una base, sin aportar. Tampoco soy una bruta, escojo mis batallas con cuidado. Pero no quiero desviarme, regreso al punto que en otros posts he planteado: La libertad en nuestras decisiones sin remordimientos o culpas.

Como saben, soy partidaria de sacarle provecho y lucir nuestros atributos físicos, claro, sin llegar al extremo. El “qué dirán” me vale cada vez menos. Si quiero ponerme un little black dress embarrado, lo voy a hacer, y perdón, eso no me hace una piruja o una mujer fácil (pero no me den mezcal, ja). Sin embargo, los hombres, pero también algunas mujeres, se precipitan con facilidad: “Si camina como un pato y se ve como un pato, entonces…” Por favor, ¡qué de verdad pueden saber de ti! Obvio tu arreglo y estilo dirán mucho de tu persona pero la gente que te conoce realmente es la que puede emitir un juicio válido sobre quién eres. Porque un día me vista dark o con prendas cómodas (porque nunca fachosa), no significa que siempre me vea así o caiga en una determinada categoría. Que me tome fotos provocativas no me convierten en una escort (por supuesto que aquí intervienen factores como la clase y el porte), al final, tampoco se trata de enseñar tanto o de llevar pocas prendas. Ser sexy va mucho más allá de eso. Y sí, me las tomo porque me hacen sentir bien, lo cual no tiene nada de malo.

La parte que más me encanta de todo esto es la de romper esos esquemas o situaciones que, según la historia, se marcan como una verdad pero en realidad, en nuestro siglo, son más una falacia. Ahí va la explicación: un hombre te invita a “tomar unas copas” a su depa. Ok, va, aceptas. ¿Qué se espera ‘normalmente’? Que ‘obvio’ vas para darse unos buenos besos y acostarte con él, ¿no? Desde mi experiencia, me ha tocado demostrarle a los muchachos que te compran vino, fresas, ostiones y hasta velas para pasar una agradable (y al principio romántica) velada, que ni los besos, faje, ni el acostón son una regla. Si quiero ir a beber y platicar, eso haré, si no te gusta, ahí nos vemos. El límite lo estableces tú y debemos de comenzar a enseñarles que no todas somos iguales; hay términos y condiciones. A veces me pregunto cuánto me odiarán al día siguiente, en fin.

Otro ejemplo que no me da pena compartir. ¿Ubican Chatroulette? Pues en ese espacio/sitio online, la mayoría busca cachondear y masturbarse vía webcam. Cuando los participantes me preguntan qué onda conmigo, les contesto: “busco al amor de mi vida” y así les cambio la jugada. Todos se ríen, y mientras unos le dan clic a “NEXT”, a otros se les baja la calentura y hasta terminan contándome su vida. Sí, habrá chavas que estén ahí por lo mismo que ellos quieren, ¿yo? para llevarlos a otro terreno de juego, el mío. ¿Acaso soy una bitch? ¿Me invité yo solita a una fiesta de disfraces y no llevaba uno? Ok, se preguntarán entonces por qué me meto a ‘chatroulettear’, ¿cierto? Por pasar el rato; porque no me molesta (bueno, a veces un poco) que te canten con guitarra o sí, la neta, hay uno que otro europeo que vale la pena contemplar.

Aunque se lea súper trillado, el cambio lo marcamos nosotras. ¿Te latió ese vestido de bebe? Dátelo, ¡y úsalo! Se vale sentirse deseada y prender el boiler sin meterse a bañar. Bueno, si andamos arañando las paredes, pues ya es otro rollo, tampoco estoy diciendo que nos aguantemos y no aceptemos “unos drinks“. El chiste es que no sigamos permitiendo malinterpretaciones. Claro que si asistes a una reunión swinger, pues más bien ahí ya sabes a lo que vas. Pero en serio, tú decides y tienes el poder de poner un alto y les parezca o no, hasta ellos la aplican: “el hombre llega hasta donde la mujer quiere”, pues ejerzamos, ¿no? La lección: El león no siempre es como lo pintan.

 

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Dafne Ruiz

Editora

Creadora de Must Wanted. Escritora, blogger y periodista. Colabora en Vanity Fair México.

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