Por qué todas amamos a Maléfica

Me parece que Wicked fue pionera en presentar y confirmar que cada historia no tiene una, sino dos o más versiones. Por supuesto que depende de quién la cuenta. Cuando fui a ver Maleficent quedé encantada, aunque por ahí leí algunas críticas en las que resaltaban que la cinta no le hacía justicia al personaje original de la película animada. Como sea, el regreso de Angelina Jolie es impactante y la forma en la que Disney busca debilitar o deshacer el complejo del Príncipe Azul -que tanto fomentó en generaciones pasadas- resulta bastante inteligente y por ello, aplaudible. Incluso, otras compañías cinematográficas también han querido romper con el rol de damsel in distress. ¿Recuerdan a Kristen Stewart en Snow White and The Hunstman? Para nada era una princesa mensa o ingenua (aunque tenía la cara); más bien contaba con la astucia e ‘inteligencia’ para enfrentar a la guapísima vampiresca malvada bruja. Pero aún así, a pesar de ese giro, del fuerte carácter, puedo considerar que desde hace un par de años, está de moda ser “la mala”. Charlize Theron estuvo estupenda en su papel y a mi parecer, se nos contó el ‘how to’ de su personaje, no tanto la vida de la aburrida Blanca Nieves (sorry, KStew). Las villanas han estado devaluadas y lo que ha sucedido es que por fin tienen una razón, voz, y sobre todo, poder para alcanzar sus objetivos. En el caso de Maleficent, su éxito radica (no solo en esos enormes y envidiables pómulos) en la identificación con la protagonista; en cómo nos hemos sentido las mujeres alguna vez; ultrajadas por un hombre en X/Y terreno o situación. Después de la tristeza y frustración, llega el enojo. Como bien dicen, “detrás de una mujer c*brona -seguramente- hay un hijo de p*ta que así la volvió”. Hace algunos días, Jolie declaró en una entrevista que la escena en la que el Rey Stefan la despoja de sus alas hace alusión a una violación. Claro que coincido con ella, pero para mí fue una en varios sentidos, no solo física. O sea, literal: “No te quiero, te corto las alas, tonta enamorada”. Pero vayamos un poco más a fondo; se trató de un abuso de confianza, de la típica actuación que lleva a cabo la mayoría de los hombres durante el ‘romanceo’ (esperen el post sobre mi experiencia con Tinder). Y cuando se les acaba el teatro, zaz. Nos volvemos viscerales, de la persona que nos lastimó encontramos los puntos que más le duelen, reaccionamos sin medir las consecuencias. De verdad que “Hell hath no fury like a woman scorned”. Sin duda, las más grandes traiciones y desilusiones desencadenan caos y todo un mundo se puede caer por el desamor y el despecho de una mujer. ¿Arrepentimientos? Tal vez y con el tiempo. ¿Entonces cómo dominar o controlar a nuestra Maléfica interna? Aunque muchas en realidad toman el papel de princesa; se ponen a llorar y juran no volver a equivocarse, otras sí le quieren hacer ver su suerte al patán. Ok, el duelo es inevitable, pero la actitud a tomar depende de una misma. Increíble cómo resurgir cuando todo parece perdido, y cuando menos se espera, las alas regresan, ¡qué alegría! Y no por el amor de otro hombre sino por el de la gente que nos rodea y por nuestra propia naturaleza. Como bien menciona Aurora al final de su narración: Maléfica, villana y heroína. Yo lo interpreto así: una mujer de carácter fuerte pero con corazón noble, que se cayó, se levantó, supo reconocer sus errores y estuvo dispuesta a luchar para enmendarlos. Hay que recordar que nadie es perfecto. Ojalá muy pronto otros cuentos de hadas lleguen en una presentación más fiel a la “realidad” y podamos descubrir qué hay detrás de la ‘verdad’.

Maleficent MAC

 

 

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Dafne Ruiz

Editora

Creadora de Must Wanted. Escritora, blogger y periodista. Colabora en Vanity Fair México.

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