¿Necesitas dinerito extra? (¿Quién no?) ¡Encuéntralo en tu clóset!

Y no me refiero a que encuentres en algún bolsillo un billete de 20, 50 o 100 pesos (que obvio no estaría nada mal). La idea es muy sencilla y parte del ritual que siempre procuro hacer antes de que finalice el año: Hacer espacio y darle la bienvenida a lo nuevo. A veces nos aferramos a prendas, zapatos o accesorios que ya no utilizamos (no se vale mentir y decir: “A la próxima cena me lo pongo/llevo”), ¡basta de engañarnos y de esa absurda acumulación! Ok, sí, nos costó lana, y tal vez tengamos remordimientos de que fue un gasto; lo peor es que si al limpiar tu clóset ni te acordabas de que ciertas blusas existían, es que sí lo fue. Ni modo, por equis o ye razón ya no te gustaron, te las pusiste una vez y después, nunca formaron parte de tu top of mind. Se vale equivocarse, es más, seguramente, conforme pasan los años, realizas compras mucho más atinadas y de acuerdo al estilo que ya has estado definiendo.

Sigamos entonces con el plan de acción. Aprovecha para sacar eso que solo te ocupa espacio, principalmente lo viejo. Sí, le tienes mucho cariño a esa t-shirt, pero en serio que ya dio lo que tenía. ¿Qué hago yo? Si es de mis favoritas, la regla es solo usarla en casa y bajo las sábanas. Yeap, como parte de mis PJs. ¡Ni se te ocurra llevártela al gym por el simple hecho de que a pesar de estar viejita todavía da el gatazo. Bueno, no nos desviemos más. Conoce los cinco pasos para una buena “limpia” y que obtengas unos centavos por ella.

1. Despierta y consolida tu fuerza de voluntad

Qué flojera sacar todo y poner orden, lo sé. Pero es la única forma; tu clóset no puede hacerlo solo ni mucho menos escupir la ropa que considere un WTF. Así que alguien, o sea tú, tiene que hacer el trabajo sucio. Escoge un día y manos a la obra. Si estás aburrida, tristeando o con ganas de tener el control de un poco de lo que pasa en tu vida, no dejes pasar la oportunidad. En serio, es una de las mejores terapias que conozco.

2. Vence el miedo. Tu ropa no es fea, sencillamente ya no te va

Te preguntarás sobre quién fregados va a comprar tu ropa si está vieja, o igual, te cuestionarás si es fea y al final no quedará de otra sino donarla a una asilo (que también se vale ayudar). Apláudete porque por fin tu gusto se ha pulido, así que tranquilízate y separa, de acuerdo a tu criterio, lo que sí tiene amplias probabilidades de venderse. por ejemplo, zapatos que te quedan grandes o te lastiman y por ello están prácticamente intactos (y por fa, no vuelvas a encapricharte con un par si no son de tu talla exacta). Los bolsos; si no están rasgados o lastimados de forma brutal, ya entran en tu catálogo.

3. No friends allowed

Ok, todas amamos la escena de la primera parte de la peli Sex & The City en la que Charlotte, Miranda y Samantha se lanzan al depa de Carrie para ayudarla en esta labor (por supuesto, con dos botellas de champagne). Si quieres tardarte horas (echando el coto), adelante, pero también toma en cuenta que su opinión podría hacerte guardar algo de lo que se supone intentas decirle adiós. Deja el Keep, Toss and Sell para ti, y si gustas, invítalas a la preventa exclusiva de lo que ya no formará parte de tu guardarropa. Obvio tienen derecho de antigüedad y de seguro más de una siempre quiso ese clutch o vestido bebe. You never know. 😉 *Ah, el vino espumoso sí te puede acompañar.

4. Escoge el modo de venta y fija los precios con base en lo justo, no en tu desesperación

Vender en línea (ya sea en algún sitio especializado como Mercado Libre o en tu propio Facebook) es lo más recomendable, a menos que te animes a montar una venta de garage en tu casa. Depende de la ubicación el tráfico que tendrás. Recuerda que no puedes pedir ‘las perlas de la virgen’ aunque ese item te haya costado bastantito en el pasado. Ya pasó, y si no es un clásico, tendrás que ser sensata y venderlo en una cantidad razonable, sobre todo a las chavas con sentido aspiracional que no cuentan con los recursos como para adquirir uno en donde originalmente lo conseguiste. Sí, hablo de aquellas señoras o hijas que son trabajadoras domésticas y que sin duda sus prioridades son otras, pero definitivamente ellas se convierten en clientes potenciales.

5. Que la compostura no te cueste un ojo de la cara

Podríamos caer en la necedad o tentación de ‘invertir’ en un arreglo. Pero si el remedio es más caro que la enfermedad, please don’t do it. Si crees poder hacerlo tú, adelante, pero si no, mejor cotiza. Solo ten en consideración que tal vez no consigas ganarle un peso (¿o salir tablas?), e incluso quedarte con la mercancía. A veces se nos olvida y desafortunadamente no habría otra opción sino quedarte con ella y usarla (aunque sabemos que no lo harás, ja).

 

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Dafne Ruiz

Editora

Creadora de Must Wanted. Escritora, blogger y periodista.
Colabora en Vanity Fair México.

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