Hombres al borde de un ataque de… TEXTING

Sin tanto preámbulo, te presentamos cinco puntos que exponen el patético modo de operación de los hombres en el arte del romanceo vía texting.

1. Modelo básico [roto] de comunicación
El problema es que los hombres no se expresan bien y las mujeres interpretamos demasiado. Sí, así como a ellos les cuesta trabajo leer “entre líneas” [¿neta es tan difícil?], a nosotras se nos da el ser (sobre)receptoras. Cuando la bomba estalla, podrán pedir disculpas asegurando que no quisieron decirlo de “esa forma”, pero es claro que cómo lo hizo nos dolió o nos molestó. Tal vez haya sido por una tontería y creen que estamos reaccionando de una manera exagerada, pero la realidad y solución a este conflicto es que primero deberían procesar la idea, luego seleccionar las palabras y por último, externar su opinión. A mi parecer, no es algo tan complicado.

2. El mundo del revés
Tal como la canción de Chabelo -el inmortal. Risa me da cuando escucho o leo: “Te aviso cuando llegue” o “Te marco mañana”. Porque… ¡No va a pasar! Más bien, me he sorprendido cuando no me lo dicen y de repente llega un mensaje o la llamada. Después de varias dates, aprendí que aunque son directos en su comunicación, les gusta mandar mensajes cruzados. Eso sí, si no hay el mínimo interés de su parte, no esperes a que pase una ni otra. Au revoir! Pierde su número.

3. Los más aplicados
Uy, cuando apenas inicia el coqueteo, ¡vaya! Son unos fregones. Su interés no conoce fronteras, menos el tiempo ni barreras; las mejores frases, chistes y piropos no dejan de llegar. Te saludan en la mañana y hasta te desean “bonito día”, ya sea terminando en “hermosa”, “bella” o si se sienten muuuy casanovas, “nena”. Usan todos los emojis que no pueden utilizar entre hombres, dan seguimiento a la hora de la comida, y en la noche les gusta escribir desde sus camas. Si no comienzas a corresponder y su ego es elevadísimo, desistirá porque no acostumbra rogar. Es así como su teatrito se viene abajo. “¿No que te latía?” El cambio en la dinámica y acabose: Cuando eres tú la primera en textear.

4. Dedos fáciles
Nuestra sensibilidad los ha llevado a creer que nos vamos a morir si nos dicen las cosas de frente, por lo que mejor aplican la fantasmal: “ya no la busco, y si ella lo hace, no le contesto”. O sea, hombres, no digan cosas que no sienten ni se comprometan con algo que no van a cumplir; no por “educación”, obligación social, mucho menos porque nos van a lastimar. Apreciamos la sinceridad. Eso no significa que no terminemos odiándolos y considerándolos unos hijos de p*ta, porque somos seres humanos y a nadie le gusta que le rompan el corazón.

5. La resurrección
Sales con él, te la pasas súper, la química es increíble, pasan semanas y sigues viéndolo, es con quien más chateas por WhatsApp, y de repente, bye. Ni señales de humo. Se lo tragó la tierra. Si no tienes dignidad, te esmeras en buscarlo. Si eres de las que se hace la difícil o de las que se da a respetar y se concentra en su vida, la experiencia se convierte en un “ni modo, no era The One“. En unos meses, pff, ¡reaparece! Ya sea con un molestísimo “Hey”, “¿Qué onda?”, “¿Qué vas a hacer?” o el peor, “Me acordé de ti”. ¿Te acordaste de mí, en serio? ¿Y eso? No, c*brón. Chavos, ya sea porque regresaron con la ex y no funcionó, conocieron a otra persona y valió mothers, ninguna mujer merece ser tratada como un repuesto en su triste situación. No sé con qué cara se ven frente a un espejo.

Chavas, compartan estos sencillos puntos a sus amigos para que así cada vez menos chicas tengan que aguantar patanerías y otros extraños comportamientos. Porque cuando te huele la boca (o sea, tienes mal aliento), se agradece que te lo digan, ¿no?

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Dafne Ruiz

Editora

Creadora de Must Wanted. Escritora, blogger y periodista. Colabora en Vanity Fair México.

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