Delirios de la masturbación

“And I’m not sorry, it’s HUMAN NATURE…” – Madonna

¿Alguna vez te has masturbado pensando en tu ex? Loco, lo sé. Lo peor es que si terminaron mal las cosas, no debería de suceder… ¿Pero por qué llega a pasar? Habiendo tantos hombres/mujeres en el mundo, desde celebridades hasta colegas y conocidos que seguramente nos resultan atractivos, nuestra mente decide que la mejor opción, mientras te acaricias y das placer, es una pareja del ayer. Tal vez no pienses en ella en absoluto, pero en esos momentos de calentura, aparece de la nada. Te sientes rara, pero sabes que no hay de qué preocuparse. No extrañas, mucho menos quieres regresar con él, solo buscas satisfacer tu deseo y te enfocas en una zona específica, aquella que siempre te volvió loca. Sus brazos, su espalda, su boca, o por supuesto su pene; por tratarse de su área genital y que por su tamaño o estética se volvió difícil de olvidar. Hago un paréntesis: Existen penes bonitos y feos, y la circuncisión –además de tener varios beneficios en el ámbito de la salud- es un factor o criterio determinante. A mí no me gustan los hormigueros, sorry.

Mmmm. El instinto carnal nos conduce por esos caminos extraños, sin contar que nuestra ‘moral’ se atraviesa no solo estando en pareja sino a solas. Una vez comencé a tocarme pensando en un hombre y llegué al clímax imaginando a otro. O-M-G. ¿Cómo era posible que hiciera eso? Una santa no soy, pero claro que me saqué de onda. Aquella ocasión me sirvió para darme cuenta (a consciencia) que parte atrevida de estar soltera y de ver por ti consiste justo en dejarte llevar y permitirte cosas. “Así fue”, como cantaría Juanga. Reflexioné por más tiempo para llegar a la conclusión de que sería tontísimo que alguien (sobre todo yo) me juzgara por estar con dos, tres, o cuatro hombres durante varios minutos en mi cabeza.

Aunque haya gente que lo vea como algo enfermo o muy fuera de lo común, nadie sabe con certeza cómo será la próxima vez que se dé cariño, así que mejor nada de tirar la primera piedra. Además, ¿cuáles son las reglas o quién escribió la biblia o el código de la masturbación? Así como el sexo, lo más importante es darnos libertad. Qué hueva siempre hacerlo igual, a equis hora o pensando en la misma persona. Necesitamos ser creativas y explorar. Porque no hablo solo de tocarte “ahí”. Nuestro cuerpo representa un mapa erógeno casi infinito, y justo cuando estamos en privado podemos poco a poco ir descubriendo y marcando áreas excitantes. Ya sea con un objeto en particular (entiéndase dildo/vibrador, plumero -ajá, el de plumas) o con tus propios dedos, el objetivo principal es y será: poner tus ojos en blanco. ¿Sí quedó claro?

No le des tanta vuelta a lo qué estará bien o mal. Ten confianza, no se trata del “¿cómo quiere que mi novio/esposo haga esto?” Este es un terreno en el cual tú decides, tú das el paso sin presión alguna. Tu cerebro formulará las fantasías y serán ellas las que precisamente te ayuden a elevar la libido. No reprimas tus ganas de disfrutarte, de hacerte feliz. Piénsalo como si estuvieras en un parque de diversiones y solo te subes al carrusel. ¿Qué aburrido, no? Lánzate por la montaña rusa o por la última atracción, y prepárate para que suba la adrenalina y los gritos que vendrán. Enjoy the ride!

 

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Dafne Ruiz

Editora

Creadora de Must Wanted. Escritora, blogger y periodista. Colabora en Vanity Fair México.

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