Así se vive a Laura Pausini

Recuerdo muy bien la primera vez que vi cantar en vivo a Laura Pausini. En 1997, con tan solo dos -exitosos- discos, la joven orignaria de Solarolo se presentaba en el Coloso de Reforma, un recinto que para muchos cantantes locales es todavía un sueño por cumplir. Gracias al gigante refresquero tendríamos por fin en México a la culpable de haber plantado por meses varias letras en nuestra cabeza. Con un hit tras otro, el “fenómeno Pausini” (bautizada así por una de las más fuertes estaciones de radio en aquel momento) arrasaba en las listas de popularidad. Pedí en casa como regalo de cumpleaños el boleto a su concierto, y así fue. Desde aquella fecha no he dejado de asistir a sus shows y me place decir que cada ocasión ha sido única y especial, solo con el llanto como constante.

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Laura tiene ese poder; el de jugar sin dificultad con tus emociones y exprimirte. Puede llevarte al cielo y venderte el amor como la cosa más grande y pura que existe, o caso contrario, puede quebrarte y recordarte lo doloroso que es un engaño, una traición o el que te quieran poco. Como sea, el público -y sobre todo sus fans- le agradecemos que cante con tanta pasión, porque más allá de poseer una herramienta vocal de primer nivel, su corazón es la llama que la activa y enciende en reacción en cadena a los que la escuchan. Sin embargo, todavía no comprendo cómo a pesar de abrirse tanto con la gente, aún entonando ‘En Cambio No’ no rompe completamente en lágrimas ni se le escucha la voz cortada. A Laura le debe constar que cantaremos cuando nos lo pida… O cuando necesite que lo hagamos por ella.

Pausini es un roble. Uno que ha echado fuertes raíces y que ha crecido alto, muy alto (basta preguntarle al cielo). Su evolución ha sido palpable con cada gira; desde detalles simples como migrar del negro de su sobrio vestuario a colores saturados que gritan “¡bienvenidos a mi fiesta!”. Tampoco nadie se imaginaba que llegaría el punto en el que veríamos a la italiana más mexicana del mundo bailando salsa. ¿Y quién iba a creer que tuviera tan buen sentido del humor? De no haber sido cantante, los aplausos le lloverían como comediante. Laura ha sido un cofre lleno de agradables sorpresas que, en su más reciente gira, se transformó en lámpara de deseos. No solo subió a un afortunado a cantar con ella, también hizo feliz a una pareja que selló su compromiso con ‘Nuestro Amor de Cada Día’.

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¿El único reto que le queda? Armar la setlist perfecta (o lo más cercana a ello) para dejar satisfecho hasta al más exigente ser que disfrute de su música. Por supuesto que se le reconoce el último esfuerzo en la creación de diversos medleys, pero todavía siguen quedando fuera temas que sin haber sido sencillos son favoritos con los queremos desgarrar nuestra garganta. Lo siento, Laura, ese es el precio por realizar tan buenos álbumes. Así que si llegaras a leer este post, no te olvides de ‘Dos Historias Iguales’ y ‘Bellísimo Así’ (que sé que las incluiste en Pausini Stadi), tampoco de ‘I Need Love’, una joya que merece ser presumida más seguido.

Dejando a un lado mi queja personal, cerraré diciendo con lo que ya quedó más que claro a lo largo del texto: Laura es una showgirl. A tal grado de demandar que alguien le ofrezca una residencia en Las Vegas. No es posible que ya pasaron cinco días y sigo con depresión postconcierto. Aún no concluye Similares Tour y ya quiero que regrese con nuevo material. Pero eso sí, ojalá que llegado ese día pueda tener la suerte de, por primera vez (así como le tocó a mi mejor amiga), no ir con el corazón desolado. ¿Que me den el anillo en frente de ocho mil personas? No tengo prisa, eso en la gira que le siga.

 

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Dafne Ruiz

Editora

Creadora de Must Wanted. Escritora, blogger y periodista.
Colabora en Vanity Fair México.

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