Eso que aprendes cuando trabajas en moda infantil

Por muchos años he estado ligada a cierta marca de ropa infantil; desde trabajando con los directivos hasta vendiendo en las tiendas. En todo este tiempo que llevo midiendo vestidos o lidiando con padres y padrinos, he aprendido algunas cosas sobre cómo visten  a los niños y los rituales que rodean esa dura tarea de seleccionarles tanto un solo vestido como todo el guardarropa.

ELEGIR ES UNA CUESTIÓN… FAMILIAR
Se acerca una fiesta, quizá el cumpleaños de alguna pequeña, así que quieren regalarle un vestido bonito. Llegan la niña, los padres, los abuelos, los padrinos y hasta los tíos. Obvio, todos tienen voz y voto y uno solo de ellos puede vetar la elección y provocar que la pequeña se pruebe una interminable cantidad de modelos.

Una niña cumple 3 años y requiere un vestido a la altura de tan importante fiesta. De pronto ves entrar a la niña y a sus papás, y luego un familiar tras otro hasta que se juntan diez personas analizando cada modelo disponible, todos proponen su opción y la pequeña empieza a ser cambiada una tras otra vez. Al final se requieren negociaciones a la altura de la ONU para alcanzar consenso en la elección del vestido.

TODOS LOS COLORES, MENOS ROSA
No importa el año en el que estemos o la juventud y modernidad de los padres, nunca falta el que huye del color rosa para vestir a sus pequeños varones. Uno pensaría que, a estas alturas, está muy asumido que vestir a un bebé con ese color no tiene nada que ver con sus futuras preferencias sexuales… pero no. Algunos alejan a sus hijos de una simple camisa color rosa como si fuera la misma peste. “No se le vaya a pegar…”

LAS NIÑAS DECIDEN
¿Recuerdan cuando éramos chicas y nos ponían la ropa que decidían para nosotras? Pues esos tiempos se acabaron. Sin importar la edad, las pequeñas saben exactamente qué quieren llevar, aunque sea algo contrario a los gustos y presupuesto de sus familiares, y se aferran a su decisión. El capricho se impone. Aparecen choques de voluntades con llantos incluidos. Al final, ya sabemos quiénes ganan el duelo.

TODA UNA GRADUACIÓN… A LOS CINCO AÑOS
Primero era la gran graduación al salir de la carrera, luego se extendió a la prepa, a la secundaria, y ahora hasta para el kinder. Hablo de vals con niños menores de seis años, toga y birrete y vestidos de gala (no aplica el de princesa de Disney). Claro, en algunos casos hasta hay joyería con el ciclo escolar grabado. Es cierto, para graduarse no hay edad.

OFERTAS TRAMPOSAS
El “roperazo” es un clásico para salir del paso con algunos regalos. Y confieso que he comprado regalos en la sección de ‘Rebajas’, pero que aviente la primera piedra quien sea inocente de ello. Aún así es gracioso ver las maniobras que hacen algunas personas para cumplir con el presente, quedar bien y al mismo tiempo no gastar demasiado.

Imagínense tener que llevarle un regalo a tu sobrina, hija de una prima que te cae mal pero con quien no vale la pena enemistarse y es mejor hacerle la ‘pelota’. Así llega una señora buscando algo, sin saber exactamente qué pero con la idea clara del presupuesto.

Entonces lo encuentra. Una pequeña bata, bonita y a un precio inmejorable porque tiene 60% de descuento. Lo pide para envolver (¡qué remedio!) pero antes un detalle: “Quítenle la etiqueta del descuento, pero déjenle el precio original”. Claro, así queda bien con un presente al que, aparentemente, se le olvidó quitarle un precio elevado. Para muchas personas, es un ganar-ganar en toda regla. Solo espero que la mamá de la festejada no lo haya visto en oferta.

EDADES ENGAÑOSAS
A veces por la obesidad infantil, otras porque son muy altas para su edad, pero no son pocas la veces que los padres piden una talla… ¡y terminan requiriendo dos arriba! Estos niños crecen sin que sus progenitores se den cuenta. ¿El caso más asombroso? Cuando una niña de tres años tuvo que llevarse una talla doce. Ya sé, se lee increíble, pero es cierto.

“TÚ SABRÁS…”
La culpa. Ese sentimiento que nos hace cambiar de opinión, ceder ante las elecciones ajenas y renunciar a las propuestas o gustos personales. No solo la utilizan los niños para salirse con la suya, también los papás (sobre si todo si la aplica quien pagará la cuenta).

  • Este es el vestido que nos llevamos
  • ¿Este? Bueno… vamos a pagar
  • ¡OHH! ¿No te gusta? Entonces nos llevamos el que te gustó
  • No, no. Ya llévate el que elegiste
  • Pero… no, sí te gustó el otro, ese nos llevamos

Y así por interminables minutos hasta que una gana el round. Generalmente quien se lo probó.

MAMITA QUERIDA
Vale. Todas sabemos que en México hay mucha obesidad infantil, que no es buena y que se deben inculcar ciertos hábitos saludables en los niños. Entiendo que los padres activen a sus hijos si consideran que tienen problemas de peso, pero con tacto, ¿para qué caer en la humillación? Para muestra la siguiente situación:

Niña pequeña se mide un vestido, este no le cierra y no hay talla más grande. En lugar de actuar con empatía o dejarlo pasar, la madre empieza el machaque: “¿Ya ves? ¡Estás muy gorda! ¿Es que nunca vas a dejar de comer? ¡Mira, mira! Dígale, señorita, dígale que eso le pasa por tragar tanto”. Auch.

Sí, puede ser frustrante no dar con el vestido después de recorrer varias tiendas, pero de ahí a casi humillar a la niña delante de desconocidos… no se vale. Muchos de esos comentarios nos los hacemos a la hora de comprarnos algo -sin que entre de por medio una prenda infantil- pero lo cierto es que cuando hay infantes involucrados, un comentario así de hiriente los puede marcar de por vida.

Iris Calzadíaz
Iris Calzadíaz

EMPODERAMIENTO FEMENINO

Comunicóloga de formación, devota lectora, escritora en ciernes, apasionada por las cosas bellas e interesantes y muy fanática del anime.

No Comments Yet

Leave a Reply

Your email address will not be published.