Te recordamos por qué NO necesitas “estar a dieta”

Dieta. Una de las palabras más temidas después de HACIENDA, EMBARAZO y algunas otras que no voy a mencionar porque you get the idea, right?*

Pues bien, estoy casi llegando al tercer piso (ya con algunos achaques) y mis amigos  mis médicos/nutriólogos se han encargado de informarme (más bien, bombardearme) que si sigo comiendo como si no hubiera un manaña, que ni todo el ejercicio del mundo me va a salvar de mi segunda pubertad a los 30. O sea, que bajar de peso no va a ser tan fácil.

Para colmo, además descubrí que tengo algunas alergias alimentarias. Bright side? El proceso de comer mejor ha sido más llevadero, sin tener que esclavizarme a una dieta. ¿Por qué? Porque la verdad tengo 3 pesos de fuerza de voluntad para seguirla, sin embargo, todo en esta vida se puede “hackear” y digamos que conseguí comer mucho más sano sin morir de hambre.

Ah sí, disclaimer: no soy para nada nutrióloga ni experta, les comparto esto que me funcionó; pero obvio, siempre acudan con un especialista para que sepan que van por el camino correcto y no cometan estupidez y media que puede perjudicar de forma grave su salud.

1. Acepta que comes mal
Así sin más. A menos que seas una persona muy fit o de esas obsesionadas, nadie come bien hasta que ya se desbordan ven los kilos de más. Decir, “ay, pero si siempre como a mis horas” o “siempre trato de comer balanceado” son las peores mentiras que nos decimos. Así que acepta tu verdad y sigamos adelante.

2. Analiza todo lo que comes
Si eres de esas que le encanta presumir en Instagram todo lo que comes, ya llevas ventaja. Haz este pequeño ejercicio: Durante una semana, tómale foto a todas tus comidas; desde que desayunas hasta que cenas, así como a esos snacks/antojitos de media tarde.
Hecho esto, fíjate qué tan balanceadas son tus comidas, ya que seguramente tienes un patrón. Lo creas o no, somos cíclicos en todo y siempre tendemos a comer cosas parecidas. ¿Ves mucho pan, sientes que faltan verduras, hay demasiada proteína o nada, todo lo acompañas con pan?* Sí, adicta al pan, reconócelo. Venga, esto te va a dar pistas en lo que tienes que ir cambiando poco a poco.

3. No cortes todo de tajo
Oh sí, esto yo lo aprendí por las malas. Ya mencioné que soy alérgica a muchas cosas, pero el PAN ha sido lo más difícil de dejar para mí, porque el PAN es amor y representa todo lo delicioso de este mundo. Muchos tendemos a pensar que si cortamos algo de un jalón se nos van a quitar las ganas, pero en realidad no. Nuestro cuerpo está acostumbrado a consumir ciertas cosas y en mi caso, al menos desterrarlo solo hizo que me atascara más en un descuido. La solución: comenzar a comer menos, poco a poquito. He hecho esto con el pan y además de que mi alergia ha mejorado, ya perdí un kilo y por si fuera poco, tengo menos antojo de ese dulce manjar.

4. Jamás te saltes comidas
¿Es necesario que explique esto? Dejar de comer no te hará más delgada; tu metabolismo se volverá más lento, llegará el bello regalo de la flacidez (ya que al no tener energía tu cuerpo, tus músculos comienzan a desaparecer), la grasa comenzará a ganar lugar y bueno… dominamos el resto de la historia.

5. Combina la comidas
¿Has oído del lunes sin carne? Es una gran opción para cambiar tus hábitos, prueba un día comiendo diferente, otro día en el que no comas dulces, otro en el que nada de pan y verás cambios en tu metabolismo, además podrás darte cuenta de qué alimentos no te hinchan o no te dan alergias.

6. Hidrátate bien
Esto es muy fácil. A veces cuando tu cuerpo no está bien hidratado, confunde la sed con el hambre. Así que tómate tus 8 vasitos de agua al día y verás la diferencia. Por cierto, antes de que te rindas a un antojito, prueba tomando agua primero. 😉

¿Sigues leyendo? Te mereces un cupcake… NOT.

Bueno, sí, pero tal vez uno pequeño. Lo que nos lleva al último punto:

7. Controla tus antojos
Si eres del club de “me como un cupcake o un chocolate”, puedes seguir siendo miembro. Pero si antes pedías el cupcake normal, pide la versión pequeña y comételo más despacio. Ya casi en todos lados existen las versiones mini de tus antojos favoritos, así que no estás renunciando a ellos, solo consumiéndolos en menos cantidad. Recuerda, el secreto está en las porciones.

Baby steps como dirían por ahí. Estás sacrificando nada y verás cómo tu cuerpo va reaccionando. ¡Notarás los cambios en un mes! No olvides que esto es progresivo y si bien nuestro cuerpo es maravilloso, tampoco hace milagros (mucho menos después de los 30).
Y como lo dije arriba, nunca está de más visitar a un nutriólogo, al fin y al cabo, las consultas ya las puedes deducir de impuestos. 😉

¡Buen provecho!

Estefania Liahut
Estefania Liahut

La chica "How to"

También conocida como “L’enfant terrible”. Estratega digital y mina louca.

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